Rascadores profesionales
Retirada de películas, residuos de adhesivo, etiquetas, suciedad: rascadores diseñados para limpiar el vidrio sin rayarlo.
Una película antigua que retirar, residuos de adhesivo incrustados, pegatinas que no se despegan, salpicaduras secas en un vidrio de obra: el rascador lo soluciona todo en pocos pasos. Nuestros rascadores están pensados para el trabajo diario sobre vidrio. Cuchillas afiladas, mangos ergonómicos, varios anchos según la superficie a tratar. La herramienta esencial de todo instalador y vidriero.
El rascador: la herramienta más simple e imprescindible
Rascar correctamente es una técnica
Un rascador mal utilizado raya el vidrio. Un rascador bien utilizado lo deja impecable. La diferencia está en tres cosas: la cuchilla debe ser nueva, la superficie debe estar húmeda y el ángulo de trabajo debe ser bajo. Cuchilla nueva para que el filo deslice en lugar de morder. Superficie húmeda para lubricar el contacto y evitar micro-partículas que rayen. Ángulo bajo para que la cuchilla despegue los residuos en lugar de cortar el vidrio.
Con estas tres condiciones, el rascador es perfectamente seguro sobre vidrio estándar, vidrio templado, vidrio laminado y la mayoría de los vidrios tratados. Es un gesto que los instaladores aprenden al inicio de su carrera y que se vuelve un reflejo tras unos pocos trabajos.
Varios formatos para distintos usos
El rascador ancho, de 10 a 15 cm, es la herramienta de productividad. Cubre una franja amplia en cada pasada y permite tratar rápidamente grandes superficies planas. Retirar una película antigua de una ventana de 3 metros, limpiar un vidrio de fachada tras una obra: el rascador ancho hace el trabajo en pocas pasadas.
El rascador estrecho, de 3 a 5 cm, es la herramienta de precisión. Llega a las esquinas de los marcos, a lo largo de las juntas y en los rincones que el rascador ancho no puede alcanzar. Es la herramienta de acabado que se utiliza tras el trabajo principal para eliminar los últimos residuos en zonas reducidas.
El rascador con mango largo permite trabajar de pie sobre superficies de vidrio en altura sin usar escalera y sin forzar la espalda. En fachadas accesibles desde el interior, ofrece un ángulo de trabajo cómodo y una presión uniforme en toda la superficie.
Las cuchillas: el consumible a no descuidar
La cuchilla de un rascador se desgasta. No tan rápido como una cuchilla de cúter, pero lo suficiente como para afectar la calidad del trabajo tras unos pocos metros cuadrados de raspado intensivo. Una cuchilla desgastada obliga a ejercer más presión, lo que aumenta el riesgo de rayar y fatiga la muñeca.
Nuestras cuchillas de repuesto están fabricadas en acero templado para mantener el filo durante más tiempo. Se cambian sin herramientas en la mayoría de nuestros rascadores: un clic, se retira la cuchilla, se coloca una nueva y se sigue trabajando. Tener una caja de cuchillas de repuesto en la caja de herramientas garantiza trabajar siempre con eficacia.
Qué se puede rascar y qué no
El rascador está diseñado para el vidrio. También se puede utilizar sobre acero inoxidable, baldosas y superficies duras sin recubrimiento. En cambio, no debe utilizarse nunca sobre plástico, policarbonato, Plexiglás o superficies pintadas: la cuchilla las raya al instante.
En vidrios con tratamientos especiales como autolimpiante, hidrófobo o antirreflejos, se recomienda hacer una prueba en una zona discreta antes de rascar toda la superficie. Algunos tratamientos resisten el rascador, otros no. Mejor comprobarlo que tener que lidiar con un arañazo.